Sentado se encontraba Juanjo, no había pasado nada fuera de lo normal en su pieza, se puso un poco ansioso, más aun la ansiedad crecía acorde el tiempo avanzaba. Esperaba el llamado, y en respuesta solo recibía silencio. Lo deseaba, lo pedía, tenía que ocurrir, pero nada pasaba. No pensaba en nadie ni nada, solo en su teléfono, no, me equivoco, en el llamado. Se lo imaginaba sonando, aquella canción instrumental que tanto le gusta. Irá a sonar, qué es lo que pasa, se preguntaba, algo malo habrá ocurrido.
Se paró, si seguía sentado su cuerpo iba a estallar, caminó por su pieza, demasiado pequeña, caminó por la casa, no era suficiente, salió al patio. Menos mal salió, necesitaba aire urgente, se le podía ver en los ojos, el sol entre las nubes y la pequeña brisa que corría lo tranquilizaron, solo por el momento. Se quedó mirando una chinita que había volado hasta su camisa, tan indefensa que se veía, pero ahí estaba, viva y sana como todos los días de su existencia.
Suena el celular, Juanjo maldice, como se pudo haber relajado en un momento como éste, camina a su pieza, perdón, corre. Un número desconocido, el nerviosismo está en su clímax, le cae una gota de sudor por la frente, desea tanto contestar como el no hacerlo, lentamente presiona el botón con el dedo, Alo contesta, falsa alarma, le baja el estómago de la boca, sus nervios bajan de los cielos, no mucho pero consiguen bajar. Número equivocado, no se como se pueden equivocar, y más con él, que ha hecho para esta mala pasada, es lo que menos necesita.
No aguanta más, agarra su celular, su billetera, sus llaves y sus pañuelos, sale de su casa, cierra con llave y camina desesperadamente, no tiene un destino fijo, pero sus instintos lo guían. Avanza un par de cuadras y llega a una plaza, varios niños juegan, sus respectivas madres cercanamente conversan entre ellas mientras miran a sus críos.
Se sienta y los observa, no, no los observa, solo los mira, no piensa en nada. Llama a su hermana, le pregunta donde está, le dice que no puede hablar, esta ocupada en una prueba. Necesita conversar con alguien, está demasiado afligido. Exacto, se le ocurrió que debía hacer, como un relámpago que sale de las nubes, esta idea surgió de su mente. Se levanto rápidamente y corrió, corrió como nunca, estaba desesperado, corría y corría y de repente suena, si era su celular, y lo sabía, esta era la llamada, se detuvo en seco, miró a los lados, tenía que recordar lo que llegase a pasar en este momento. Tomó un buen sorbo de aire, lo exhaló, se concentro en modular todo lo que fuese a llegar a decir, bien, este es el momento, sin pensarlo más apretó el botón. Se preparó lentamente para decir su primera palabra, y lentamente lo dijo, “Hola...”.
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